jueves, 12 de marzo de 2009

Portus

Bueno...creo que ando inspirada. En realidad no, es un bodrio, pero como siempre pienso que mis escritos son un bodrio, me da igual xD.

Ya, aquí otro capítulo. La verdad? Me dio pena escribirlo. Como que me molesta el personaje del padre de Ofelia. Es un ser realmente malvado. Pero malo de presencia. No golpea, ni siquiera insulta. Simplemente dice lo que piensa. Y lo que piensa es muy cruel. Creo que eso hace más daño.

Si se lo preguntan, sí. Me he inspirado en alguien para crear a ese padre. Y no, no es ninguno de mis dos padres. Para que luego no pregunten porqué soy tan cruel para mis cosas xD fue el ejemplo que tuve, qué quieren xD

Lo que sí, me apena Ofelia. Más que mal, es su padre. Y esa sensación de no pertenencia...uff...me gustaría invitarle un café y mostrarle que no importa lo que te digan, uno es libre...hasta que me acuerdo que es mi personaje y me tomo el café sola xD

Aquí va otro capítulo!! Disfrútenlo ^^


Kamal (bebiendo jugo de durazno porque le da paja irse a hacer otro café xD)


pd: ayer me percaté de algo. En toda mi vida, jamás alguien me ha regalado un libro para mi cumpleaños o para Navidad...que feo...¬¬ e irónico xD

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Neve nella finestra


Dolor. Mucho dolor. Odiaba la Navidad, porque era la época que más dolor le traía. No importaba cuanto fingiera, no importaba cuanto huyera. El dolor siempre regresaba, siempre volvía. El saber que esa espina se hundía cada segundo más a cada instante de cada momento de su vida, helándola, congelándola, llevándola a un sopor que se negaba a aceptar porque nuevamente volvía a ser feliz. Pero era una quimera, una estupidez que no lograba frenar, sus fuerzas machacadas, golpeadas, manchadas y esparcidas por el suelo, como soldados en medio de una cruel guerra. No importaba cuanto hiciese, siempre regresaba, siempre volvía. Y con ahínco, casi con glamour. Era una derrota tras otra y los villancicos en las calles le llegaban volando a través del aire, saturándola de vómito, de asco, de un nauseabundo olor que le revolvía las tripas.

Los golpes en la puerta de su habitación sonaron impávidos. No abriría, lo sabía. No porque no quisiera, sino porque llanamente no podía. Pero quién más podría ser. Solo estaban él y ella.

Era él, nadie más…

Y los golpes se volvieron más insistentes, golpeando también su atribulado cerebro, que funcionaba a carbón, como una vieja locomotora que rugía en las vías. El chirriar de las bisagras le indicó una vez más que no era nadie, que no la respetaban, que simplemente era masa ocupando espacio.

Justo ahora que estaba siendo tan feliz.


-Llamaba a tu puerta. Levántate de ahí, das pena.

-Dispiace, papà (Lo siento, padre)

-No entiendo tu manía de continuar hablando italiano. Non è necessario qui (No es necesario aquí)

-So. Ma appena mi sento come a casa (Lo sé. Pero así siento que estoy en casa)


Se agachó. Lo vio y se estremeció. Odiaba esos ojos magenta. Pero su presencia, por mucho temor que le provocase, menos la instaba a levantarse del suelo. Se quedó ahí, hecha un ovillo, acurrucada en sí misma, intentando protegerse de un ataque que sabía que no llegaría, porque él era un Barucci.

Y un Barucci jamás deja huellas.

Sonrió. Y lo odió por sonreír. Porque no era un gesto tranquilizador. Porque era la previa a la lluvia de tragedia que ahora vendría. Porque era el preámbulo a lo que planeaba hacer. Porque sacaría lo peor de sí para hundirla más en lo que ya estaba hundida.


-Non hai a casa. Ben si conosce. La vostra missione nei prossimi in Inghilterra che è stato. Ottieni una famiglia, perché non vogliono più nella nostra casa. Perché è macchiato il tuo nome, il vostro sangue, il tuo cuore con quello della Muggles podedumbre. (Tú no tienes hogar. Y bien lo sabes. Tu misión al venir a Inglaterra era esa. Conseguir una familia, porque nosotros ya no te queremos en nuestra casa. Porque haz manchado tu apellido, tu sangre, tu esencia con esa podedumbre de los muggles).

-Padre, mi dispiace. Perdoname (Padre, yo lo siento. Perdóname).

-Non umiliare di più di quello che sono. Cura e Malfoy è il ragazzo che si innamorò di lei e non solo l'uso di soddisfare la vostra sete di un corpo caldo. Perché in tal caso, Ettore morire. (No te humilles más de lo que estás. Y preocúpate que el joven Malfoy se enamore de ti y no solo te use para saciar su sed de un cuerpo ardiente. Porque si es así, Ettore morirá).

-Padre, no...la prego di non farlo... (Padre, no…por favor no lo haga…)

-Entonces no me obligues a hacerlo.


Los pasos se alejaron, llevándose la esperanza, la fuerza, todo lo que había reunido en esos cuatro meses. Y su corazón se resquebrajaba, como un vaso frente a la chimenea, como cuando oyó el grito de Giovanni, como cuando supo que nuevamente las cosas no podían ser peor.

Y siempre eran peor.

¡Cuánta razón tenía el abuelo! Ahora ya no estaba para salvarla. Ahora nadie podría salvarla. Y sería quien condenara a Ettore a reunirse con sus padres antes de tiempo. La vida no le alcanzaba para pedir perdón. La historia no podía repetirse. El mundo se hacía pequeño y ella se estremecía con la nueva misión, el nuevo dolor y la manera cruel que tuvieron de engendrarla. Si tan solo no fuese quien era. Si tan solo su madre fuese su madre. Si tan solo su padre no fuese un dementor. Si tan solo estuviese Draco con ella.


-Draco…


Pero nadie vino. Y lloró. Porque las lágrimas era lo único auténticamente de ella que conservaba. Porque esos ríos salados, helados, que le quemaban la piel, no se secaban y la inundaban, y la llenaban, y la llevaban a una amargura y tocaba con sus pies el fondo del abismo que la tragaba con sus fauces hirientes.


-Aquí estoy…


Un cuerpo cálido, estrecharlo, fundirse en él. Y comprender que no todo estaba perdido. Porque no era por obligación, era porque quería. Porque así lo deseaba. Porque no importaba lo que fuera a pasar, todo se podía solucionar. Y la luz de ese mar de plata la embriagó e idiotizó para no pensar.

Te quiero.

Nada más decir, solo dejarse llevar. Piso, aire, cama. Cuerpo tibio a su lado, estrechez de pieles, villancicos, paz, esperanza, Navidad, Woody escalando en los doseles, respirar ardiente, manos frías, nieve en la ventana.

Confundus

Me siento la idiota más grande que ha pisado la faz de la tierra. ¿Saben por qué?...no saben, obvio, si aún no se los he dicho xD. Bien, para que salgan de su ignorancia, es por la sencilla razón que me he quejado los últimos 5 días que no tengo café. Y sí, es verdad, no tengo café. Pero tengo café colombiano en grano (molido) y una cafetera Oster. Se preguntarán porqué no la había usado aún. Sencillo. Porque soy la idiota más grande que ha pisado la faz de la tierra...¬¬


Aquí otro capítulo. Recuerden que éste es la visión omnipresente, así que es más descriptiva objetiva que subjetiva. Disfrútenla, y si no lo hacen...jódanse!!! muajajajaja!!!!


Kamal (que bebe su café colombiano con exquisita sensación de placer ^^)

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Παρουσία ηρωική

Ofelia corría por los pasillos, riendo, posesa de una alegría casi insignificante. Sus carcajadas chocaban contra las paredes, rebotaban, se expandían por toda la mansión Malfoy.

Lucius Malfoy miró la lejanía con el ceño fruncido, mientras su esposa sonreía al escuchar a la joven.


-Lucius, cambia ya esa cara.

-No puedo creer que esa muchacha sea así, tan despreocupada.

-Déjala. Está muy feliz.

-Por Salazar, es solo un bowtruckle, nada del otro mundo.

-La haz hecho feliz. Ay, Lucius. Acepta que te encanta Ofelia.

-No.


Draco sonreía al escuchar las palabras de sus padres. Sí, habían pasado ya cuatro meses y Ofelia se había ganado un lugar en el corazón de todos, con esa actitud tan despreocupada, tan relajada, como si fuese una niña. Y ahora, con un bowtruckle de mascota, su risa se escuchaba por toda la mansión.


-¿Vendrán los señores Barucci para Navidad?

-Pietro me ha dicho que sí. Vendrá con Gina y con Ettore DiMaggio.

-¿Quién es él?

-Un pequeño huérfano que los Barucci han criado.

-Gran corazón el de los Barucci.

-Así es. Según la carta de Pietro, llegarían en tres días.


Draco no escuchó más. Se bloqueó, como tan acostumbrado estaba ya, y se hundió en sus pensamientos, y en el recuerdo de ese hombre, de hace tres meses y medio, de su desesperanza, de su dolor, de su odio…de ese ser que más que humano, parecía dementor.

Ofelia llegó corriendo a su lado. En el hombro, tenía al bowtruckle de color castaño oscuro, que jugaba con el pelo de la joven.

-Grazie mille. E 'il più bel dono dato a me nella vita.

Ofelia besó la mejilla de Lucius y volvió a marcharse, ahora con dirección a uno de los bosques que colindaban con los grandes jardines del terreno. Lucius miró a su hijo.

-¿Qué dijo?

-Muchas gracias. Es el regalo más hermoso que me han dado en la vida.


Draco creyó imaginarlo, pero vio a su padre evocar una sonrisa fugitiva. Luego miró a Narcisa, que también sonreía.


-¿Sabes? Hubiese sido agradable tener también una hija.

-¿Para qué? Está Ofelia.

-Tienes razón.


Y ambos adultos volvieron a ver a Ofelia, que reía divertida mientras su bowtruckle la perseguía moviendo sus manos.

Tres horas más tarde, Draco y Ofelia estaban sentados en el suelo de la terraza, los pies colgando a través de los pilares del balcón, mientras el bowtruckle dormía en las piernas de Ofelia.


-Tu padre es sensacional. Me encantó Woody.

-¿Woody?

-El bowtruckle. Es su nombre.

-Ah, eso…

-Lucius me dijo que te rompiste una mano por capturarlo. Y que te costó un par de rasguñones que quisiera seguirte.

-Nada del otro mundo. Solo mantén a “Woody” lejos de mí.

-¿Y yo?

-¿Tú qué?

-¿También tengo que estar lejos de ti?

-No, tonta. Tú no.


Y Ofelia sonrió, mientras le daba una calada a su cigarrillo y Draco bebía un sorbo de café. La nieve comenzó a caer, tiñendo sus pantalones y zapatos de blanco. Sería otro día más que Ofelia pensaba que Draco Malfoy era su héroe. Y otro día que Draco pensaba que Ofelia Barucci era su perdición. Y que era un estúpido con complejo de Harry soy-el-héroe-de-todos Potter.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Verdimillius

Uff...son las 3.42 am y es otro día que no cumplí mi promesa de dormirme temprano...¬¬

Ya, no hay cigarros ni café (sí, definitivamente estoy en el infierno) así que el capítulo es casi vomitivo. Pero me gusta igual xD por el simple hecho que Draco colapsa cada vez más ^^ Pero ya se acabaron las perspectivas del sexy rey del sexo de Hogwarts xD Ahora habla dios (o sea, yo xD) y luego veamos qué nos tiene que decir la italiana ^^

Respecto a "Dame un Infierno"...sí, seré cruel xD les daré un adelanto de un diálogo que pasará en el próximo capítulo ^^

-tú lo mataste, ¿verdad?
-¿y qué si lo hice?
-deberías estar pudriéndote en la cárcel
-pero aquí estoy. ¿Te molesta? A mí no

Ya, creo que es suficiente ^^ Ahora un nuevo capítulo de este fic!!!! Que no tiene título, así que eso lo veré más adelante xD


Kamal (con cara de bosta por estar sin pucho ni café)

pd: ¡¡Salazar!!, ¡¡por qué me haz abandonado!!, ¡¡salvadme de Godric, SALVADME!!

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Peach juice

Estaba nevando. Había casi 10º bajo cero…tal vez un poco más, o un poco menos. Pero una cosa era segura. Tenía calor. Y estar al lado de la chimenea no ayudaba mucho. Las llamas se movían en susurros, casi hipnóticas. Y no tenía nada mejor que hacer que estar ahí, en lugar de estar en su casa, durmiendo.

Todo por ella

¡Ya basta! Casi era una obsesión lo que le pasaba. Podía lamer con su lengua los suspiros que había dado en los últimos días, las últimas horas, los últimos de todo. Pero no lo demostraría. ¡Por Salazar! Era un Malfoy, jamás diría que estaba obsesionado, ni menos por una mujer.


-Gárgolas parlantes, Draco. Colócate algo encima, hay 6º allá afuera, hace frío.


Perfecto. Ahora estaba seguro. Había 6º Celsius y él andaba en pantalones cortos, pies descalzos y sin camisa. A sus veintidós años estaba completamente desquiciado. Y todo por una mujer.

Por ella.

¡Hasta cuando! Este martirio ya parecía tortura. Verla vagar entre los recovecos de su mente enferma, verla desnudarse ante sus ojos fijos en el cristal, verla ladear la cabeza, en un hombro vacío. Ya no podía más. Ya la locura se posesionaba de su capacidad para razonar. Su cerebro era una poción mal hecha por Longbottom. Y sentía que en cualquier momento se arrancaría los ojos, todo para no verla más.

Un cuerpo se sentó a su lado y le cubrió con una manta. No miró. Ya su dignidad estaba tan jodida, que confirmar lo bajo que había caído sería hacerlo sentir peor. Un vaso de un líquido anaranjado, espeso, apareció frente a él y lo tomó desganado.


-Sé que tienes calor. Pero me da frío verte así. Bebe, es néctar de durazno.

-Me siento fatigado…y tengo calor.

-Ya lo sé. Llegaste hace dos horas y es lo único que haz dicho en este tiempo.

-¿Puedo decir algo más?

-Claro. Como por ejemplo, qué demonios te pasa.

-Nada.

-Sí, y yo soy El Niño Que Vivió.

-eres El Niño Que Vivió, Potter. Eres un asco en las ironías.

-Es un avance. Me llamaste por mi apellido.


Lo escuchó reírse y sonrió levemente. Era lo más extraño del mundo, pero se sentía bien. Al menos no estaba solo y no escuchaba los gritos de su padre discutiendo con Ofelia. No trataba de explicarse nada. Y así pasó media hora más, donde el famoso jugo se calentaba en sus manos y con el calor de la chimenea, y una lechuza ululaba en alguna parte de la casa.


-Estoy obsesionado con ella.


Un silencio siguió a sus palabras. Claro, era la verdad más puritana que decía desde que tenía memoria, era la perfecta muestra de que tenía algo parecido a un corazón, era la prueba que era un humano, y solo había silencio.

Di algo, estúpido.

Lo que fuera. Aunque sea una burla, una risa, carcajada, insulto, consejo, cualquier cosa. Pero no, tenía que guardar ese estúpido silencio.

Cara rajada


-Te dije que no me volvieras a decir así.

-No estoy de ánimos para hacer Oclumancia, por favor, Harry.

-No lo vi en tu mente, lo dijiste.

-¿Lo dije?

-Si.

-La idea era pensarlo.


No escuchó más. Bloqueó sus oídos de los reclamos de Potter. No volver a llamarlo cara rajada, ni en pensamiento. Era grave, más de lo que pensaba. Ahora decía lo que pensaba, ya no podía distinguir una cosa de otra. Perdía el control sobre sí mismo y lentamente iba cayendo en un pozo profundo, oscuro, frío, del cual se sentía eternamente atrapado. Tembló.


-Hasta que te dio frío. ¿Ves? Deberías escuchar a Ginny de vez en cuando.

-No es frío, Harry…

-No sé qué tanto te complicas. Esa chica te gusta, y más de lo que te han gustado otras. Además, es normal. Llevan casi tres meses viviendo juntos y tienen muchas cosas en común. Ambos son sangre pura, detestan a su padre, adoran a su madre, tienen genios parecidos. Ni ella cae rendida a tus encantos ni tú te dejas domesticar fácilmente. Y no fue a Hogwarts, así que no conoce tu faceta más odiosa. Deberías estar brincando de alegría y no con la cara de muerte que traes. Pareces Trelawney siendo tan fatalista y…


Y no se callaba. El parloteo de Potter se hacía gigantesco y él solo quería saber porqué su mente se negaba a funcionar, porqué ya no razonaba como antes.

Hola Draco, soy tu cerebro. Te dejo un tiempo, mi vuelo sale en dos horas.

Si, vete de vacaciones, mal agradecido. Ahora me abandonas, cuando más te necesito. Pero tenía que pensar. Y mientras, las llamas crepitaban, la chimenea se hacía intensa, movible, hipnotizante, de sutiles formas y embriagantes vaivenes que, combinados con la voz susurrante de Potter, lo transportaba a un lugar donde no pensaría más. Por inercia bebió por primera vez del néctar que le habían dado. Tragó duro.


-Está asqueroso.

-…donde las cosas…¿Ah?

-Tu jugo. Está asqueroso.

-Es néctar. Y se supone que no tienes que tomártelo luego de estar casi una hora calentándolo en la chimenea.


Harry guardó silencio, ofendido. Bueno, al menos se calló. Las llamas lo invitaban nuevamente a mirarlas, observarlas, verlas, tocarlas, besarlas, lamerlas. Sus danzas rimbombantes tenían un embrujo, un conjuro. Pero toda la magia desapareció cuando por un segundo se volvieron verdes y alguien cayó sobre él, golpeando en parte a Potter.


-¡Ay!

-Perdón Harry…estoy buscando a Draco.

-Está bajo tuyo.


Gracias, ahora estaba lleno de hollín, con un néctar caliente y pegajoso por todo el cuerpo, desordenado, unos cuantos moretones se verán mañana, y alguien que lo buscaba sin darse cuenta que estaba aplastándolo. Reclamarle, gritarle su incompetencia sin importarle quién era. Y dos lagunas esmeraldas lo ahogaron en un instante.

Siempre era ella.

No hablar, no mostrar un gesto, ni siquiera pensar. Bueno, era la idea, para que no le dijese absolutamente nada.


-Vamos Draco, tendrás que llegar a bañarte para que alcancemos a ir a la cena.

-¿Qué cena?

-La que tu madre te recordó mil veces ayer que no podías faltar. Donde los Greengrass

-Dijo que si no tenía pareja, no iba.

-Idiota, por eso estoy acá. Vamos, tenemos que irnos

-¿Tú?

-Si, yo. Ni que fuera un monstruo. Ya, levántate que estás pegajoso y dulce.


Una risa clara mientras probaba directo de mi piel el líquido espeso y pegajoso que ahora me bañaba por culpa de ese estúpido jugo. Una cena, con pareja, donde los Greengrass.

Definitivamente, ella.

Colocarse la camisa, los pantalones largos, las zapatillas. Una chaqueta y mirar a Harry y a Ofelia discutir respecto de la peligrosidad de la red Flu. Tomar la caja plana plateada sobre la mesa y resignarse a que en los tres meses que ella lleva ahí, solo se dedica a aprender. Y nunca hay que tomar néctar frente a la chimenea. Sabe mal y alguien podría aterrizar sobre ti por los estúpidos polvos Flu.

martes, 10 de marzo de 2009

Alarte Ascendere

Saben? Conocí el Infierno. O por lo menos, MI infierno. No tiene llamas, no hay tortura, nada. Simplemente no hay café...es horrible!!!!
Llevaba días sin beber una gota narcótica y ya estaba entrando en la más vil crisis nerviosa. Hablando con la Javi empecé a desesperarme...y me iluminé. tenía un sobrecito de café guardado para casos así. Lo emplee y soy de nuevo un angelito en el paraíso xD

¿Cuál es la importancia? Se preguntará. Intenta ser adicto al café. Intenta escribir en un blog cuyo significado del italiano al español sea "Con un cigarrillo y un café" y por último intenta terminar un capítulo con el mismo título pero en inglés. Y no bebas café. Eso es casi depresión.

Bien, aquí tienen el siguiente capítulo de mi historia. ¿Saben? Me está gustando. No lo sé. No es ver a Draco mamón. Es verlo humano, Gish, no te confundas...¬¬

Agradecimientos a la Javi, que está tomando café conmigo ahora xD (cada una a su lado de la pantalla eso sí xD)

recuerden que no me interesan sus críticas por msn...como dijo la Dios de la Tanina y mía...

"Repitan después de mí: sin comments no hay porno xD"

Que les aproveche!!!! (bebe de su café con una sonrisa)


Kamal

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A cigarrette and a coffee

No entendía muy bien qué hacía ahí. La brisa ausente, la nieve arremolinada al exterior y el suelo terroso, tibio, lo confundía. Pero ahí estaba. En medio del invernadero, rodeado de las selváticas, estrambóticas y carnívoras plantas de su madre, sentado en el suelo, llenándose de tierra los pantalones, sintiendo las caricias de las hojas al caer en su torso desnudo y bebiendo un café.

¿Cómo llegó ahí? Ya ni recuerda. Algo difuso, entreverado con recuerdos de un hombre dementor, le decían que en algún momento estuvo en la cocina. Y que al siguiente instante estaba en el comedor. Y que algo vio, algo que no le gustó. Y que salió. Y parece que se sacó los zapatos…sí, se los sacó. Los pies están desnudos sobre la tierra. ¿Y cuándo se sacó la camisa? No tiene ni idea. La cosa es que terminó ahí y no tiene ni la más jodida idea que qué está buscando en ese lugar.

Un aroma a limón lo golpeó de improviso. Le llegó por la espalda, como una neblina asesina, como las lianas de esas plantas que lo observaban con sus ojos inexistentes, con sus gargantas guturales.


-Lo siento. Me estoy arrancando.


Y una fresca sonrisa le golpeó en los ojos. Y el embriagante aroma al café, al limón de su cabello, a su perfume de algo que él sabía que conocía pero no sabía qué era lo mareó hasta dejarlo estático. Aunque ella no se percatara de nada. Aunque ella sea la famosa mocosa insolente que su padre despotricaba cada anochecer. Aunque fuera irrespetuosa, liberal, mimada. Aunque tuviese por padre a un dementor. Aunque estuviese condenadamente guapa con esos pantalones cortos, con esa camiseta de tirantes, que resbalaban por su metálica piel, dejando entrever unas marcas algo extrañas y la conciencia que tiene unos hermosos pechos…

Un momento. No tiene brassier.

¡¿Por qué no tiene brassier?!, ¡¿Qué demonios le enseñan en Italia a las jovencitas?!

No, es un Malfoy, debe calmarse. Debe ignorar esos pechos turgentes, suaves, ni grandes ni pequeños, matizados en aquella camiseta de seda que era su pijama. El golpe en la frente de una liana lo hizo despertar de la ensoñación y la risa de Ofelia le volvió a saturar los oídos, cortándole cualquier tipo de pensamiento que no fuera de esos labios y esos dientes y esa boca tan fresca.


-Que no te moleste, pero para esto me arranco.


Sacó una caja de algo. Y la abrió. Dentro, varios cilindros blancos con un extraño aroma, como a quemado, a…


-Son cigarrillos. Muggles.

-Que mi padre sea un fanático de los sangre pura no me hace un idiota.


La sonrisa le cruzó la cara mientras lo prendía con su varita. Un nauseabundo olor, pero altamente adictivo, llenó el invernadero. Lo bueno fue que las plantas de su madre se alejaron. Ella aspiró del cilindro y luego botó un humo que la escondió en una vaporosa niebla picosa.


-Mi padre odia que fume. Pero me da igual. ¿No te molesta, Draco?

-No.


Seco, al hueso. Así quiso oírse. Pero parecía el susurro de una doncella en peligro, de alguien que desea ser liberado, raptado.

Besado.

¡Y otra vez esos pensamientos que le martillan el cráneo! No lo sabe, no tiene porqué saberlo. Él simplemente se toma un café ahí, sin comprender que demonios hace en ese lugar. Merlín, ilumíname. Pero ningún “Lumos” llega a su cabeza. Solo aparece un rostro bordeado de caminos dulces de cacao y unos ojos que le recuerdan al maldito cara rajada, que ahora es su amigo. Está cerca.

Demasiado cerca.

Y siente el palpitar de su pecho, sin llegar a comprender porqué esa chiquilla de mirada inquieta lo perturba tanto. Y desearía no haberse dado de ganador. Y no haber hecho ese “jaque” para que ahora ella gritara muda un “mate” que no vio venir.


-¿Me das café?


Le entrega la taza y sus ojos bailan en diminutas danzas de llamas de polvos Flu. Un roce, tibio, mas que tibio, ardiente, digna piel de una hija del sol que está desesperada entre tanta nieve y tanto que no sabe que es.

Bebe en silencio y luego fuma de ese cigarrillo. Simplemente la observa. Como una ensoñación. Como si fuera una diosa en la actitud más muggle que algún mago podría siquiera llegar a adquirir.

Y no ha pasado ni una semana cuando vuelve a descubrir otra cosa. Que un cigarrillo y un café transforman a un invernadero en el hotel apasionado de una mente confusa.

Desmaius

Sí, otra vez yo. Mi madre me llamó por teléfono para que viera un programa en la televisión. Y le hice caso (para variar un poco...¬¬) y...MI GRITO SE DEBE HABER ESCUCHADO HASTA EN LA CHINA!!!

No era un programa agradable, vaya que no. Hablaba de chicos que basureaban a sus amdres y madres que no sabían que hacer con sus chicos. No pude seguir viendo. Entre la exasperación de esos críos que daban ganas de mandarlos a azotar y pensar que mi madre me veía a mí de esa forma, no me aguanté y la llamé. Le pregunté si acaso me veía a mí así y me dijo "a veces"...¡A VECES! El día que yo sea así, que venga Merlín y em haga Gryffindor!!!! ahhh!!!!

Lo bueno es que mi madre se rió. Al menos ya entiende esas frases de "primero Gryffindor", "por Merlín", "hipogrifos parlantes". Así que el tema se zanjó en que era mi hermano quién tenía que ver eso y, citándola a ella, "a quien le caiga el guante, que se lo chante" xD (yo hubiese dicho "si la varita es tuya, tómala" pero en fin...)

Ahora como un chocolate y me preparo a subir el segundo, tercer, cuarto capítulo, etc. Si no les gusta esta nueva forma de escribir...pues jódanse, me da igual xD Ah! y subo todos de inmediato porque no voy a publicar otra entrada. Me la ganó la flojera xD

Necesito un café!!!!!!!!!

Kamal

pd: casi olvidaba aclararlo. Los títulos en italiano corresponden a la visión de Ofelia. Los títulos en inglés a la de Draco y los títulos en griego, a la del narrador omnisciente (o sea, el Dios, en otras palabras, yo xD)

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L'argento guarda bene con smeraldo

El mundo estaba al revés. Y esa pequeña asfixia que se calaba por su garganta le daba la alegría de saber que todo estaba al revés. Verlo, ahí, acostada en la cama, con la cabeza colgando por un lado mientras la sangre se agolpaba en las sienes, mientras el cerebro perdía el mandato y se embutía en una especie de confusión que la hacía olvidar donde estaba y porque su cama olía a nieve callejera, siendo que su aroma preferido era el de rocío en el campo.

Unos pies aparecieron en el cielo, por la puerta que ella misma dejó cerrada. Caminaron ¿o volaron?, da igual. La cosa es que se acercaron y ella sonrió, porque imaginó la escena y no pudo evitar pensar que debería verse asquerosamente ridícula en aquella pose. Los pies dieron paso a un cuerpo que se recostó en el suelo (su cielo) y una cara invertida apareció frente a ella. La mirada turbulenta de Draco Malfoy le danzó y se vio a sí misma reflejada en el mar de seda metálica.


-Tienes en la cara el color de Ron.

-Chi è Ron? (¿quién es Ron?)

-Un amigo. Estará hoy en el paseo que daremos…¿me seguirás hablando en italiano, a pesar que sé que me entiendes?

-Non mi ispirano a parlare in inglese. (No me inspiras para hablarte en inglés)

-Bien…pero yo no te hablaré en italiano.

-Fare ciò che volete. (Haz lo que quieras)

-Perfecto.


Su sonrisa fatua se agrandó en esa colina marmórea. Y sintió que se cortaba el aire cuando se acercó. Debía de ser la media hora que tenía colgando la cabeza a un lado de la cama y por eso ya no pensaba. Hasta su visión se hizo fumigada, así que pestañeó por tres segundos para enfocar bien. Abrió los ojos y se topó con la presencia de Malfoy a escasos milímetros de ella, robándole su oxígeno, bien tan celosamente guardado.


-No me vuelvas a sugerir que haga lo que quiera…no saldrías ilesa de ella.


Y arrogante como él solo, se levantó no sin antes regalarle una sonrisa perfecta y un leve roce de sus suaves dedos en sus labios. Mientras lo veía salir, se levantó de golpe. Todo giró a su alrededor y la cabeza casi le estalló cuando se vació de toda la sangre acumulada. Sentía los latidos rápidos de su corazón, pero no era por media hora con el mundo al revés. Era por un extraño calor en sus labios y una resequedad que no sentía desde…sacudió la cabeza. Esos ojos violentos, color sangre, de mirada profunda y aletargada no la mirarían más. Y se sintió pequeña, indefensa, con ganas de volar hacia un lugar donde ya no estarían esperándola. Y la cama desapareció, quedando flotando en aquel triste vacío del que sus padres se habían aprovechado para mandarla a Gran Bretaña, alejándola de todo y de todos. Y de Él.

Rozó el anillo plateado que murmuraba estertores en su dedo anular izquierdo y sonrió queda. No valía la pena quedarse ahí, enfrascada en recuerdos que ya no quería recordar y olvidando cosas que le parecían imposibles de que desaparecieran.

Terminó de cepillarse el cabello mientras repasaba mentalmente todos los insultos que su mejor amigo de la escuela le enseñó. Cada uno pensado para un tipo diferente de situación y persona. Y sonreía al imaginar la cara de Malfoy, escuchándola decir todas esas barbaridades “como si un elfo borracho te hubiese enseñado a hablar”…era tan feliz citando mentalmente a su padre. Hasta podría verlo ahí, moviendo su dedo de forma amenazante, revolviéndose el cabello de vez en cuando, en un gesto de absoluta desesperación mientras ella se perdía en las hebras chocolate que coronaban la elegante cabeza de su elegante progenitor.


-Nos vamos.


¡Maldición! Ni siquiera lo oyó entrar. Giró su rostro, levemente inclinándolo hacia abajo, para dedicarle una de las mejores miradas fulminantes de la Historia conocida como tal. Pero él, en lugar de intimidarse, hizo una mueca hacia un lado, llena de arrogancia y triunfo.


-Me gustan tus ojos. Me recuerdan a Slytherin.

-Capisco che avete due colori. (Según tengo entendido, tiene dos colores)

-Lo sé. Pero tú tienes el verde y yo el gris. Me agrada.


Y levantó los hombros, en un gesto de infinita niñez que a cualquier otra habría derretido. Pero a ella no. A ella las cosas se le serían más difíciles porque el recuerdo de Giovanni DiMaggio aún latía con cada una de sus entrañas. Él y sus ojos sangre. Él y su voz queda. Él y su piel bronce. Él y su cabello negro, arremolinado. Él y su promesa de amor. Él y su hijo de tres años.


-Apresúrate. Se nos hace tarde.


No esperó respuesta. Simplemente se esfumó de la misma forma que había llegado, dejándola sumida en esos recuerdos que le escocían en alguna parte que aún no podía identificar. Caminar erguida, eso no lo perdería ni con el alma a los pies y desaparecer por la misma puerta que antes sirvió de portal a ese fantasma que no dejaba de acosarla.


Ora sono inutili


La calle estaba fría, silenciosa, amargada. Ese hielo cortante atravesaba su piel mientras a su lado él caminaba de forma alegre, casi como un cervatillo en el bosque. No se fijó mucho por donde iban. Simplemente concentró toda su mente en sentir esa nieve tan desconocida para ella y llenarse los pulmones de aquel aire gélido, que amenazaba a cada instante con reventarlos pero que era a la vez tan adictivo.


-¡Hey, Draco!


Giró los ojos a un lado para chocar con una tormenta esmeralda, igual a la de ella, escondida tras unas graciosas gafas. Se quedó quieta, esperando, mientras veía acercarse a una hermosa pelirroja, una castaña de mirada sabionda y un pelirrojo altísimo, de unos ojos azules tan profundos que ahogaban.


-Hola chicos.

-¿Quién es tu amiga?

-Es Ofelia Barucci. Hija de unos amigos de mis padres.


El de cabello negro azabache, desordenado, se acercó y le extendió la mano. Ella se la tomó mientras sentía pequeñas corrientes de electricidad que subían por su palma para terminar lanzándose en el precipicio de su pecho y rebotar en lo profundo del vientre. Se parecía tanto a Gio…


-Harry Potter, un gusto. Y ellos son Ginny Weasley, Hermione Granger y Ron Weasley.


La pelirroja, la castaña y el pelirrojo inclinaron la cabeza de manera amable mientras Potter decía sus nombres. Sintió la brisa revolver su cabello, enredándolo, llenándolo de pequeñas motas de nieve, que le reflejaban tornasoles colores que morían en las gafas de aquel chico. No quería mirarlo. Era una copia de Giovanni y eso le dolía, le asfixiaba lo único íntegro que aún conservaba en sí misma. Y tampoco quería posar sus ojos en el pelirrojo, Ron era su nombre si no se equivocaba. Esos ojos tormentosos, que emanaban una calidez tan pocas veces vista, la turbaban de manera inversa, porque la misma electricidad que se había lanzado al vacío, ahora regresaba y recorría todo el camino de forma contraria, terminando en la palma de una mano que colgaba inerte en un costado de su cuerpo.

No lo notó hasta que lo sintió. El brazo rodeando su cintura, la mano descansando descuidadamente en su cadera. Miró al otro lado y vio a Draco sonriéndole de manera pacífica, tranquilizadora. Se sintió estúpida. Al parecer su mutismo le había llamado la atención.


-¿Dónde vamos?

-Vamos al cine. Estrenan una película muy buena.

-Muy bien.


La danzarina y gutural voz de Ron le llegó de forma explosiva a los oídos. Y antes de empezar a asimilar que estaba a punto de sonrojarse, un susurro en su amada lengua le alcanzó de forma balsámica.


-Andare al cinema e poi a mangiare. Sarà divertente. (Vamos al cine y luego a comer. Será divertido)

-Chiaramente, ciò che si dice. (Claro, lo que tú digas)

-Non dire che i bambini che capisce l'inglese fino a quando si decide di fare. (No le diré a los chicos que entiendes el inglés hasta que tú decidas hacerlo)

-Grazie… (Gracias…)

-Ma si deve capire italiano di sapere che Hermione è molto intelligente. (Pero debes saber que Hermione entiende italiano, es muy inteligente)

-I presenterà. (Lo tendré presente)


Sintió las ardientes y curiosas miradas sobre ellos y, más allá, traspasándolo todo, estaba la sonrisa cómplice de la chica castaña. Así descubrió que ella era Hermione, no lo olvidaría.

Los pasos siguieron a un rumor que se volvió carcajadas. Oía a Draco explicar que ella no hablaba inglés, a Ron decir bromas respecto a hablar de cualquier cosa y ella no entendería, a Ginny regañándolo, a Harry riendo por las locuras de Ron y a Hermione en un mudo silencio sonriente, con su vista clavada en ella.

Y sentía su juventud, su alegría. Sentía esas almas que rebosaban una felicidad que ella añoraba sentir desde poco más de un año. Pero no pudo pensar más, ya que aún tenía el fuerte brazo de Draco rodeándole la cintura, llenándole de una seguridad y un refugio que ansiaba tanto volver a tener y que un completo desconocido se lo imponía, como obligándola a aceptar que no tenía otro lugar donde ir. Y bajando la cabeza, fijándose en las oscuras botas que levantaban pequeñas gotas de nieve a cada paso, aceptó que el mundo se le hacía pequeño para querer olvidar y que era una completa idiota porque no le veía utilidad al tiempo.

Τα μάτια δεν βλέπουν

Draco Malfoy se paseó frente a la puerta antes de golpear. La había visto días antes, cuando ella ni siquiera posaba sus ojos en él. Le encantó de inmediato. Esa forma de hablar, cuando arrastraba las palabras en un italiano que tenía el tono de una burla, cuando sus ojos verdes bailaban frente al calor de la chimenea, en ese frío que ella se quejaba no haber querido experimentar jamás, cuando su cabello color chocolate se balanceaba por su espalda, rozando las puntas esas caderas que se escondían en un abrigo que negaba a sacarse, cuando su piel bronce hervía de pasión al discutir en italiano con Lucius Malfoy, que no entendía una palabra de lo que le decían y le temblaba la vena de la frente, cuando reía triunfante con esa risa clara al escuchar los gritos exasperados de Lucius, reclamando que con un hijo rebelde le bastaba y que llenaría de Crucios a los Barucci por mandarle a esa chica tan problemática. Si, le encantaba todo de ella. Pero ahora eso le valía gorro. Ahora estaba preocupado por esa extraña palidez que la había acompañado desde que se encontraron con los chicos, que no dejó que nadie más se sentara a su lado excepto él y que guardó completo silencio en la cena, a pesar que Hermione le preguntara en italiano respecto a su tierra natal.

Finalmente se decidió y golpeó. Nadie contestó pero la puerta estaba abierta, así que entró sin miramientos. Y ahí estaba. Sentada en la cama, con la vista perdida en algún lugar, un aura de tristeza que ni Potter había llegado a obtener y el conocimiento que alguien más estaba en la habitación.

Ofelia miró a Draco y se sintió derrotada. No podía esperar a salir de ahí corriendo, pues ya había entendido que el mundo era pequeño en su huída. No le quedaba sino aceptar que estaba derrotada y que ese joven de mirada plateada y cabellos lisos que jugaban con un respirar agitado era la clave que ella no quería ver, que se negaba a aceptar.

En un gesto sacado del peor libro de Magia Oscura, Ofelia alzó una mano, llamándolo a su lado. Y Draco comprendió. Entendió que pedía ayuda y que aquel gesto era lo máximo que podía sacar de esa chica hija del sol.

Se sentó a su lado y tomó esa mano suplicante, temblante, bronceada y pequeña entre sus manos. La miró pidiéndole perdón por algún daño que ni siquiera sabía si había cometido.


-Che cosa accadrà, Ofelia? (¿Qué te sucede, Ofelia?)

-Me siento ahogada, Draco. Creo que no podré huir más mientras continúe con vida.

-Che periodo? (¿De qué huyes?)

-De mi pasado, de mi dolor. De la impotencia de saber que no importa cuanto haga, siempre saldré perdiendo porque no cumplí lo que juré que haría.

-Che cosa è che giuramento? (¿Cuál es ese juramento?)

-Cuidar al hijo de Giovanni como si fuese mío. Pero ahora está en Italia, mientras yo juego a ser la hija perfecta que mis padres quieren poseer.

-Vuoi andare per lui? (¿Quieres que vayamos por él?)

-¿Harías eso por mí?

-Sicuro. Non mi piace vederti triste. (Claro que sí. No me gusta verte triste)


Ofelia sonrió bajo esa melancólica faz que le escocía en el pecho. Y pronto su sonrisa comenzó a hacerse más amplia, hasta convertirse en una mal disimulada risa escondida. Draco la miró extrañado y no entendía nada hasta que la misma joven le explicó.


-Estoy hablando en inglés y tú me respondes en italiano.


Y nuevamente su risa inundó la habitación. Draco sonrió. No era su plan pero al menos ella ya lucía como cuando llegó. Alegre, presente, risueña, viva. Y francamente, no le disgustaba esa sensación.


-Pensate di poter giocare? (¿Acaso creías que sólo tú podías jugar?)

-Ya veo que no. Y eso me agrada.


Y sin decir más, abrazó a Draco en un gesto de completa liberación, como si el mundo nuevamente girara y ella pudiese de nuevo estar en paz.

Closed books reads better

No sabía donde sacar más información. La única respuesta plausible temblaba a un costado del salón, de forma ambigua, gritando con su crepitar mudo que solo ahí encontraría la respuesta. Y se decidió. Más que mal, tenía el plan perfectamente trazado, en caso de que tuviese que usar ese método.

Se acercó a la chimenea, mientras algo rugía en su vientre. Era el nervio, la ansiedad, o saber por fin contra qué o quién luchaba. Tomó un poco de polvos Flu, que se sintieron casi gaseoso entre sus dedos y lo lanzó a la chimenea.


-¡Mansión Barucci!


Entró en aquellas llamas verdes y sintió el jalón desde algún lado. Entre el vértigo de sentirse una vil voluta de ceniza, escuchó risas provenientes de algunas chimeneas, que pasaban raudas ante sus ojos. Sin casi notarlo, llegó a su destino, saliendo despedido hacia un oscuro salón. Se levantó del suelo, maldiciendo al inútil que se le ocurrió inventar los polvos Flu sin un instructivo de aterrizaje y mientras se sacudía quedo la chaqueta, oyó una voz susurrante, que llegó desde las penumbras que él no alcanzaba a ver.


-Chi siete? (¿Quién eres?)

-Sono Draco Malfoy, felice. (Soy Draco Malfoy, mucho gusto)


De las sombras apareció un hombre alto, garbo, elegante, con unos penetrantes ojos magenta y un cabello color chocolate, que se entremezclaba con unas sutiles canas que se avergonzaban de estar ahí.


-¿Qué hace venir a mi hogar al heredero de los Malfoy?

-Ofelia.


El hombre hizo aparecer una misteriosa sonrisa, que no supo interpretar bien. Simplemente le llenó de un escalofrío casi súbito pero que logró controlar para no parecer un niñato frente a ese hombre que imponía tanto con una mirada. Aunque fuese un niñato.


-Veo que mi hija ya tuvo su carta de presentación.

-¿A qué se refiere?

-Que hayas decidido venir por red Flu, uno de los medios más incómodos para cruzar países, denota tu urgencia y apremio.

-Bueno, yo…

-Pietro Barucci, mucho gusto.


Una pálida mano apareció entre las profundidades de un bolsillo del pantalón beige. La tomó trémulo, notando de inmediato ese tacto glacial, fiel creador de los escalofríos que ahora le recorrían sinuosos por la espalda.


-Sporco, trae café para mí y el señor Malfoy.

-Si, amo…


Un elfo, con enormes ojos grises y aspecto desgarbado, desapareció de su escondite con un crack.


-Ven, Draco…siéntate.


La invitación parecía una muerte. Dudó si sentarse, ya que esa entonación, robada al mismo Hades, parecía preguntar la forma más cruel que quería morir. Se preguntó porqué el Lord Oscuro no había decidido ir a esos rincones, a ese país, a esa ciudad, a esa casa, junto a ese hombre en cuya presencia El Señor de las Tinieblas parecía un tranquilo paseo por el campo. Autómata, se sentó en el cómodo sofá que le señaló el hombre, mientras veía como el elfo dejaba tazas y otras cosas en una mesa ubicada entre los dos asientos. Verlo ahí, temblando, deshaciéndose en halagos y reverencias, le llenó la boca de una sustancia viscosa, asquienta, inquietante. Pietro Barucci era mucho peor de lo que alguna vez fue su padre.


-Retírate, Sporco.

-Lo que diga el amo, Sporco lo hace.


Y se le vio desaparecer, perdiéndose en quizás qué pasillos que encerraban una lúgubre niebla en aquellas asfixiantes paredes. Olió el café, que se elevaba pústulo por el aire, mientras lo embriagaba una sensación de ahogo, un aroma amenazante le llenaba los pulmones y se los comprimía, saturándolo de monóxido de carbono y suturando cualquier posibilidad de un escape.


-¿Qué quieres saber de Ofelia, Draco?


La pregunta sonó malvada, cruel, despiadada. Mataba a su hija al pronunciar su nombre y la voz le taladraba el cerebro, vaciándole cualquier idea de contraataque, cualquier vestigio de humanidad. Se sentía conversando con un dementor.


-Quiero saber quién es Giovanni.


Al parecer había pronunciado un nombre tabú, porque la ira comenzó a golpearle en el pecho. Miró a Pietro Barucci, el padre de Ofelia, que centelleaba en su lugar, casi inmutable, casi impávido, solo revelando que existía algún vestigio de vida en aquel cuerpo marchito en las llamas magenta que amenazaban con devorarlo vivo.


-¿Por qué quieres saber de él?

-Porque quiero acabar con ese recuerdo y saber a qué me enfrento sería de mucha ayuda.


Sí, lo había planeado perfectamente. Fingir que era un rival fantasma, que solo quería sacarlo de su camino, que su única intención era degollarlo lentamente con algún arma a la mano. Y de pronto, al recordar la sonrisa clara de Ofelia, la risa de su voz cansina, la lluvia de besos que podía transformarse en determinadas situaciones lo hizo hervir de algo que no sabía interpretar. Pero esas ganas de acabar con el tal Giovanni se hicieron cada vez más reales. El señor Barucci sonrió quedadamente.


-Perfecto. Veo que Ofelia ya hizo su entramado para atraparte, cual acromántula.

-Señor, yo…

-Calla. No me preocupa que la desees. Ése era el plan. Pero querer sacar a Giovanni del camino…será algo más difícil, Draco.

-¿Por qué?

-Giovanni DiMaggio era el novio de mi hija. Lo fue hasta hace un año. Cuando fue asesinado.


La sensación de caer desde un hipogrifo le golpeó tan duro que se mareó. Luchar contra un hombre era una cosa. Pero contra un fantasma. Los siglos le faltarían, se relamerían como esfinges cenando antes que él pudiese lograr que Ofelia lo mirase con esos ojos esmeraldas ardiendo en pasión.


-¿Novio?

-Así es. Claro, no era de mi aprobación. Era un mestizo, nada del otro mundo. Y peor aún, viudo.

-¿Viudo?

-Sí…el Lord Oscuro alcanzó a visitar los tranquilos campos de Toscana. Y también tuvo tiempo de llevarse algunas víctimas.

-La esposa de Giovanni…

-Bien pensado, joven Malfoy. Isabella DiMaggio murió a manos del Lord. Pero se salvó su esposo y el niño recién nacido. A los meses lo conoció Ofelia. Y no sé qué sucio truco usó ese mestizo, que logró que mi hija fuese contra todos los valores que le habíamos enseñado y se fue a vivir con él.

-¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?

-Si no me equivoco, un año. Luego hubo un ataque, nada del otro mundo. Ofelia y el niño sobrevivieron, pero ese mestizo no pudo. Su poder fue menor. Su sangre asquerosa sucumbió ante el poder de otro poderoso.

-¿Y el niño?

-¿Ettore?

-pues…sí…

-Ettore DiMaggio se quedó al cuidado de Ofelia. Y luego fue llevado a un orfanato. Pero como mi hija se negaba a estar sin ese niño y mucho menos ir a Gran Bretaña, lo trajimos de vuelta. Es mi mujer quién lo está criando.


Eso era. El dolor de Ofelia se ahogaba entre los sorbos de café que daba el señor Barucci. Y lo sabía. Algo dentro de él le decía que aquel hombre tan siniestro era quién había alzado la varita en contra de Giovanni, en contra de aquel hombre que no era digno para su querida hija sangre pura. El asco volvió a llenarlo a tal punto, que sintió ganas de vomitar. De escupir todo lo que su cabeza le disparaba, de las imágenes de verse a sí mismo como un sucio hombre poderoso, casi un dios, como esa siniestra y petulante imagen que se alzaba sonriendo ante sí, bajo la apariencia de un hombre de familia de ojos magenta, piel blanquecina y cabellos chocolate.

Se levantó reprimiendo un gemido de dolor por el mareo que lo azotó e intentó, vanamente, aventarlo al suelo. Alzó la cabeza, recuperando los vestigios del príncipe de Slytherin que antaño poseía de manera normal. Hundió sus ojos en esas llamas de color magenta y, antes de decir algo, supo sin saber porqué que el infierno era como esos ojos le mostraban. Ardiente, cruel, vacío, odioso.


-Creo que no necesito saber nada más. Gracias por el tiempo, señor Barucci. Ci vediamo presto. (Hasta pronto)

-Ci vediamo presto, Draco. Quindi se si desidera. (Hasta pronto, Draco. Si tú así lo quieres)


Se estremeció con esa sonrisa y sin miramientos, tomó los polvos Flu sobre la chimenea. Ahora los sintió como pústulas que enronchaban sus dedos, pero la necesidad de huir le estaba vaciando el pecho.


-¡Mansión Malfoy!


Todo el proceso de nuevo, sentir todas esas chimeneas que caían fugaces ante sus ojos, escuchar esas aterciopeladas risas, que golpeaban con cascos sus oídos y cuando ya no podía sentirse más mal, no podía controlar un segundo más esas ganas de vomitar, fue expulsado hacia un salón blanco, lleno de suntuosidad y frívola carencia de emociones y recuerdos, pero que él sintió como su cálido regazo de armonía.

Y ahí se quedó, frente a la chimenea, abrazando sus rodillas, escondiendo su rostro mientras las lágrimas le limpiaban el hollín y con esa amargura, ese abismo que vio abrirse ante sus ojos, se percató de las dos verdades que ni El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado le había podido hacer descubrir.

Que hay cosas que mejor no se saben. Y que el mundo es pequeño cuando uno quiere huir.

Expelliarmus

sí, ya sé que ya subí uno...pero era ese el primer miershot que he hecho en mi vida...y solo lo usé de bienvenida xD Ahora se viene una historia en la que estoy trabajando. No es la gran cosa, pero la gracia está en que estoy experimentando una nueva modalidad de escritura y pos...ya, que vean ustedes.

Aquí les va el primér capítulo!!!!! ^^


Kamal

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Le prime impressioni sono sempre buone

El silencio la inunda de manera ausente. No cree que sea capaz de hacer aquellas cosas, por las cuales casi la han arrastrado. Tener influencias es tener la vida hecha un asco, es ser una marioneta para mejores planes, es ser el peón en un tablero de ajedrez. Ser ella es ser el peón que está cerca del caballo, a un movimiento de ser aniquilado.

Baja los escalones con desgano. Aún viste el pijama y sobre él, la bata. No quiere levantarse, no quiere tomar esa asquerosa responsabilidad que la tiene en un país que no conoce, con gente que en su vida había visto y hablando un idioma que detesta. Lo advirtió. No hablaría con ellos, no en su idioma por lo menos. Y con esa sonrisa de triunfo, de quien sabe que ha ganado de antemano la partida, llega al comedor.

Solo estaba él. Un perfecto desconocido que bebía café mientras su mirada se hallaba perdida en el periódico. Lo observa en silencio, sabiendo que tiene que ser algo de aquella familia porque el cabello rubio platinado se le balancea levemente, acariciando sus hombros.

Levanta la vista y ve dos lagunas de plata que se posan en sus ojos. Se siente algo intimidada, pero no lo demuestra. No hasta saber quién es.


-Tú debes ser Ofelia Barucci. Draco Malfoy, un gusto.

-Io non parlo inglese. (no hablo inglés)

-¿No lo hablas o no lo quieres hablar?

-Non mi piace. (no me gusta)

-Pues me agrada que alguien en esta casa haga lo que se le plazca.


La sonrisa fugaz que cruzó su rostro la hizo estremecerse, mas no dio señales de sentirlo. Simplemente se sentó a disfrutar de su desayuno, mirando de vez en cuando al heredero de los Malfoy, la razón por la cuál ella estaba ahí y no quería estarlo.

El sol entraba por la ventana en una danza exuberante, que encontraba fin en la marmórea piel de su anfitrión. Sus labios se entreabrían mientras continuaba leyendo “El Profeta” y ella se perdía en ese mar platino que caía por su rostro, dibujándole pequeñas formas difusas, hipnotizantes, acaloradas. Quería escapar de ahí, pero la táctica del idioma le había fallado, llevándola a una especie de derrota que hace cinco minutos era una victoria segura.

No alcanzó a devorar completa ni siquiera la primera tostada cuando entró un recto y elegante Lucius Malfoy. El hombre miró a su hijo, la miró a ella y sonrió.


-Veo que ya conociste a Ofelia.

-Así es…

-Ella no habla inglés, apenas puede entenderlo. Espero que, siendo tú el que maneja perfectamente el italiano, le seas de guía y la ayudes a ambientarse.


Maldición, lo que le faltaba. Tener al niño rico de guía turístico. Pero no iba a ceder, no dejaría que esa partida la ganaran sus padres y los Malfoy. No señor. Ella ya había echo suficiente y no se le iría todo por la borda por un estúpido afán egocentrista de la mantención de los sangre puras. Ella era más, valía más que unas estúpidas tradiciones y un estúpido acuerdo y un estúpido niño mimado que miraba a su padre con aire fastidiado.


-Si me querías arruinar el día, lo haz hecho, padre…

-Siempre te dije que no te juntaras con ese Potter…ellos te lavaron el cerebro después de esa batalla y llegas a olvidar que…

-Quédate tranquilo, llevaré a la chica italiana a pasear.


Y la miró fijamente, profundo. Sus lagos de plata líquida le bailaron en los ojos porque él sabía que ella entendía y no había dicho nada. La tendría a su merced y ella no quería pasar un segundo con un petulante heredero de una dinastía invaluable, aunque ella fuese una heredera de una dinastía invaluable.

Lucius sonrió y se marchó del comedor. Ella se levantó, evitando un segundo más con aquel joven y pronto escuchó su voz. No dio ni dos pasos cuando esa voz etérea le llegó bailando a los oídos y penetró en su cuerpo de forma acuosa, casi como sus ojos.


-Andare in giro per il centro di Londres. I juntaré con alcuni amici, e che ci ha accompagnato. (Iremos a pasear al centro de Londres. Me juntaré con unos amigos, así que nos acompañarás)

-Che cosa succede se non voglio andare? (¿Y si no quiero ir?)

-Non sto chiedendo. (No te estoy preguntando)

Iba a contestar. Se juró que lo iba a hacer pero su interlocutor se levantó de forma lenta, sinuosa, como la serpiente que siempre estuvo orgulloso de portar en su túnica de la escuela, tal vez olvidada en algún cajón, algún armario o simplemente botada por ahí. Se plantó frente a ella y le sonrió de forma triunfante, con la misma sonrisa que ella poseía mientras bajaba la escalera, mientras pensaba que su plan era más que perfecto. Maldita la hora que a los Malfoy se les ocurrió que su heredero debería saber italiano. Maldita la hora que a sus propios padres se les ocurrió que debería aprender inglés. Malditas, mil veces malditas las Islas del Caribe donde los Barucci y los Malfoy se conocieron y decidieron que sus hijos deberían unirse para hacer crecer aún más sus famas. Malfoy limpiaría su nombre. Barucci agrandaría las arcas y se haría aún más famosa en las tierras del té. Mientras ella y su novio don nadie se podrían ir donde mejor les pareciere.

Draco Malfoy, altivo, orgulloso, pedante, narcisista, arribista, petulante, baboso y asquerosamente guapo se marchó con paso sileno, ahogado, transmitiendo su triunfo a cada centímetro de aquella casa, de aquellas paredes frías, de esa alfombra aterciopelada, de esa niebla viscosa que ahora le estrangulaba los ojos y que amenazaba con hacer estallar una tempestad en aquellos ojos esmeraldas, que su padre tanto alababa.

Corrió a su habitación. Ni siquiera un Malfoy era tan grandioso para ver llorar a una Barucci.

Enervate

wow!! Nuevo blog, nuevas historias, nuevas personas...ehh...nah! es lo mismo xD solo que aquí me dedicaré a publicar solamente mis escritos ^^ como los tengo ahí, botados, casi sin sentidos...y, como se habrán dado cuenta, aquí solo existiran fics de HARRY POTTER y CÍA, nada más...así que no esperen que publique algo de "Dame un Infierno", que para eso está el Facebook (hasta que e encontré uso a las cochinas notas xD). Aunque podría dar un adelanto por acá...si, me parece...

En fín, bienvenidos a la Sala de los Menesteres, gocen su estadía y...¡por Salazar! que si no comentan criticándome, los crucios lloverán xD

La primera historia es un one que hice (mátenme!!! es el primer one shot de mi vida!!! y es un asco xD) y era solo para probar nuevas formas de escrituras ^^ A ver si les agrada (no, no me sirve que me critiquen por msn...¬¬)

Kamal

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Una razón

[…] Entonces, se levantó alguien de la mesa de Slytherin y Harry reconoció a Pansy Parkinson, que alzó una temblorosa mano y gritó:

-¡Pero si está ahí! ¡Potter está ahí! ¡Que alguien lo atrape! […]

-Gracias, señorita Parkinson- dijo la profesora McGonagall con voz entrecortada-. Usted será la primera en salir con el señor Filch. Y los restantes de su casa pueden seguirla […]

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, capítulo 31, páginas 514-515


No quería salir del salón, pero sentía ardientes miradas clavadas en mí. Una ausencia. Y mucho miedo. Era la sensación más oscura que podía ahogarme, y estaba a punto de gritar que yo no, que no me iría, que no era igual…cuando sentí esa mano fría tomando la mía. Voltee un poco y él sonrió.


-Nos quedaremos…solo que no aquí…


Su susurro siniestro me tranquilizó. Salimos del Gran Salón con todos los de la casa, sólo para tener que quedarnos en el vestíbulo al salir. Nos apoyamos en la pared mientras veíamos salir a más alumnos de otras casas. Él jugaba con los dedos de mis manos mientras su mirada violácea se perdía en algún punto de la penumbra. El cabello negro le caía como seda por el rostro, por los hombros, rozando la parte baja de su cuello. Las llamas de las antorchas a nuestros lados le concebían a su piel un tono extraño, místico.

Vimos a Potter pasar corriendo, mezclándose entre los alumnos, buscando algo. Él sonrió y tomó fuertemente mi mano.


-Ahora podemos entrar…


La insignia de prefecto le brillaba en la solapa de la capa de viaje. Extrañamente, él estaba completamente vestido, como si supiese que eso iba a acabar pasando. Entramos al Gran Comedor y McGonagall fijó sus ojos astutos y severos en nosotros.


-¿Qué hacen dos Slytherin aquí?


La voz de uno de los gemelos Weasley se escuchó casi como una daga que cruzó silbando el aire, pero no hubo intimidación en ese rostro frío, pálido, con mirada violenta, casi color sangre.


-Nos quedaremos.


Al parecer la presencia de él imponía tanto, que nadie me había notado a mí. Al escucharlo hablar en plural, todos me miraron, extrañados. Fijos, como si mi presencia disgustase más que la de él. Algunos susurraban cosas, otros presionaban sus varitas, dispuestos a desarmarnos y dejarnos en algún lado amarrados. Fue McGonagall la que rompió ese sepulcral silencio.


-Señor Luthier, señorita Leprant…supongo que se quedarán para combatir al Innombrable.

-Protegeremos el castillo de Voldemort. Y a sus ocupantes también, si eso quiere saber.


McGonagall miró fijamente a Gabriel. Él sonrió de lado, mostrando un aire atrayente, sensual, más encantador. La voz de alguien más volvió a cortar el aire.


-Ella debe marcharse…


Gabriel miró a un lado. De pronto noté lo que temía. Habían hecho un círculo y nos tenían rodeados. Poco a poco se fueron cerrando, atrapándonos. Tomé la mano de Gabriel, pero él solo sonrió. Su voz, siniestra sometida a un susurro, me llegó arrastrándose a mis oídos.


-Tranquila…no harán nada…


Alguien tomó mi brazo. Todo fue rápido. Un rayo rojo, un desplome, Gabriel me abrazó contra su pecho, un grito de McGonagall y luego silencio. Abrí los ojos lentamente y miré la situación. Teníamos unas diez varitas apuntándonos, un alumno de Hufflepuff estaba desmayado en el suelo y McGonagall frente a nosotros.


-¡¿Qué creen que hacen?!

-¡Atacó a Robert!


La profesora volteó y miró a Gabriel. Sus ojos destilaban la más perfecta ira docente.


-Señor Luthier…¿me podría explicar porqué atacó al señor Robert?

-Nadie toca a Ameliê…creí que ya habíamos hablado de ello, profesora…


McGonagall asintió y miró a los otros.


-Bajen sus varitas. Si ellos quieren quedarse a ayudar, no nos negaremos.

-¡Son Slytherin!

-Ya es hora que la casa de las serpientes se dé cuenta de dónde están sus lealtades. Y me alegro profundamente que hayan dos personas que tengan claro en quién tienen que confiar.


Algunos no querían bajar la varita. El aire era una pesada capa de hierro, imposible de penetrar de alguna forma. La tensión desgarraba la vista así que todos dimos un salto de sorpresa al ver a uno de los gemelos Weasley acercarse y tenderle una mano a Gabriel.


-Bienvenido. Soy George Weasley.

-Gabriel Luthier.


Y se dieron la mano. Sonreí. Todo había salido bien. Saqué la varita y apunté al chico en el suelo


-Enervate.


El chico reaccionó y miró a todos sorprendido. Luego George Weasley se me acercó


-Me alegra que no todas las serpientes sean venenosas.

-Yo también me alegro de ello. Ameliê Leprant.

-Un gusto.


Y sin decir más, se fue, llevándose consigo a todos los que nos amenazan. Miré a Gabriel y sonreí.


-Resultó…

-Te dije…ahora debemos luchar contra Voldemort y sobrevivir en esta batalla.

-Lo haremos.


Gabriel se quedó en silencio, mirándome. Se colocó frente a mí y posó su mano en mi mejilla. Esa mano fría, ese trozo de hielo que componía todo su ser. Mi amigo era el verdadero príncipe de Slytherin. No ese tonto de Draco Malfoy. Ese cobarde sin sentido, ese arrabalero de cuarta categoría. Salazar buscaba otro tipo de alumnos. Un tipo como Gabriel. Con una mirada intensa, una presencia que se imponía, un temple y una arrogancia del porte de un gigante o mucho más. Su voz, siempre siniestra, siempre oscura, cavernosa. Grave, ronca, arrastrada por el aire para posarse en los oídos de quienes sí sabemos escuchar. Esa piel acero, blanca, un verdadero marfil cubierto con sedosos cabellos azabaches, emulando bosques infinitos de ébanos. Sentir su frío contacto es saber que se está viva. Que hay motivos, que hay razones. Sus labios se entreabrieron, dispuestos a decir algo. Más nada dijeron. La lengua los humedeció durante un microsegundo y esos labios delgados, un poco carnosos, brillaron por la saliva que se depositó en ellos


-Tienes que vivir.


Así es Gabriel. Una se concentra en él, en sus ojos, en sus labios, comienza a perderse en el eterno aura que lo rodea, esa mezcla entre violencia y suavidad, misterio y conocimiento. Una no espera que hable, simplemente se deshace en aquel contacto de lluvia, en esa piel que tiene las marcas de Los Alpes Montañosos. Y esa voz susurrante, cavernosa, esa voz primigenia te llega desde lo más profundo de algún lugar que no sabes si existe o no, se posa en tus oídos y te llena por completo, tomándote por sorpresa.

Trato de aguantar. De no llorar. De evitar lanzarme a sus brazos y apretarlo contra mí como nunca lo he hecho frente a nadie. Algunos de los que nos rodean nos miran. No sé cuanto tiempo pasa, ha pasado o está pasando. Solo me fijo en esos ojos violetas, que poco a poco han adquirido un tono rojizo. Un matiz emulando sangre.


-Sabes que no es fácil derrotarme, no te comportes como mi hermano mayor.


Una sonrisa que intenta ser relajada. Muevo la mano, despreocupada, dándole a entender que no tiene que fijarse en esos detalles. Que él no es mi hermano mayor. Que agradezco a Merlín que no sea mi hermano mayor.

Pero siete años no han pasado en vano. Y él sí me ve como esa hermana pequeña que tuvieron que sacar de Hogwarts porque se negaron a apoyar a Voldemort. Él si me cuida como ese hermano mío que está en la Orden. Porque sabemos que es muy difícil ser Slytherin con hermanos en Gryffindor, así que nos encontramos para sentir esa misma igualdad. Y él se vuelve a acercar. Sus pasos son silenciosos. Nunca se siente cuando viene, excepto por el movimiento de su capa. Y llega a mi lado, con su presencia etérea, fantasmal. Y vuelve a tomar mi rostro, pero ahora son sus dos manos, antes erráticas, las que enmarcan mi cara. Y el frío de esa piel, el hielo de esas yemas de los dedos me hace temblar…¿o es el hecho que me mira fijamente, mientras se agacha para quedar frente a mí?

Y por primera vez, en los siete años que llevamos de amigos, compartiendo, protegiéndome, burlándonos ambos del idiota de Draco Malfoy, siento su aliento tan cerca. Y noto que huele a chocolate. A su eterno chocolate que devora descaradamente en clases o en los mismos exámenes finales. Y es tibio. Más que tibio. Es ardiente. Quemante, extrañamente quemante para alguien cuya piel podría congelar un vaso en un desierto.

El cabello le cae suavemente por el rostro y las puntas rozan mi mentón. No lo comprendo. Gabriel está demasiado cerca, como siempre lo soñé. Pero estamos en medio del Gran Salón, con Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuff merodeando por todos lados y los profesores preparándose para la venida de…de…¿Voldemort?...qué más da. Gabriel aprovechó la confusión de mi mente y posó sus labios en los míos. Un beso extraño, apasionado. Sus labios son hielos, verdaderos témpanos que congelan los míos. Pero su lengua es una serpiente de fuego que repta por mi boca, incendiándola, quemándola. Un abrazo con mi lengua y siento la fogosidad de los diecisiete años de mi mejor amigo. Una de sus manos ya no está en mi rostro. Presiona mi nuca, acercándome más a él. Devorándome con sus labios, con su cuerpo, con sus brazos. Siento el palpitante pecho de Gabriel saltar sobre mis pechos y su respiración botando bocanadas de aire punzante, caliente, lleno de pasión.

Tan Gabriel como él, su beso terminó casi abruptamente, pero de forma perfectamente planificada. Me dejó con una sensación de agotamiento pero de ganas de más. Miré a mi amigo. Gabriel estaba igual, como siempre. Solo movió la mano de mi rostro para tirarse el cabello hacia atrás, en un gesto completamente despreocupado. Su mano en mi nuca me congelaba la piel, haciendo que un extraño estremecimiento recorriera mi espalda.


-Ahora entenderás porqué tienes que vivir.


Y sin decir más, besó suavemente mis labios y se alejó. Se detuvo frente a McGonagall y luego volteo a verme.


-Nos vamos a los jardines.


Ahorrándose cualquier explicación más, tomó mi mano y fuimos caminando en silencio. Una sonrisa cruzó mi cara, casi imperceptiblemente. Ven aquí, Voldemort. Me acaban de dar el mejor motivo para vivir. Gabriel Luthier es una fogata incandescente encerrada en una cueva de hielo.